Este espacio es un lugar de reflexión acerca de la violencia sexista y una propuesta de recuperación de las mujeres víctimas a través del empoderamiento. Sin embargo, el proceso de empoderarse podemos llevarlo a cabo todas las mujeres para continuar nuestro crecimiento en una sociedad en la que aún hay que trabajar por la igualdad (equidad) efectiva de hombres y mujeres.
Compartiré información útil que he ido recopilando y agradezco las aportaciones que desees hacer, ya sea en forma de comentarios, bibliografía o experiencias personales. (e-mail: empoderar.mujeres@gmail.com)

COMPARTIR nos enriquece y fortalece a todas.

Violencia contra las mujeres


La violencia contra las mujeres continúa siendo una epidemia global que mata, lastima y perjudica física, psicológica, sexual y económicamente a millones de mujeres de todas las edades. Para decirlo alto y claro: es una violación de los derechos humanos negarle a las mujeres la igualdad, la seguridad, la dignidad y las libertades fundamentales.


Este tipo de violencia está presente en todo el mundo; no hay un solo lugar que pueda decir que está libre de este grave problema social, más allá de diferencias culturales, religiosas, de educación o de nivel económico. Aún las sociedades más avanzadas que en la letra de la ley garantizan a las mujeres todos los derechos y tienen leyes específicas contra la violencia de género, tienen la asignatura pendiente de hacerlas cumplir en los hechos, en la transgresión cotidiana que se da en muchos hogares, que aún es aceptada mediante el silencio cómplice de muchas personas. Los niveles de tolerancia social son aún demasiado elevados hacia un problema del cual vemos sólo “la punta del iceberg”

Según la Declaración de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Resolución de la Asamblea General, de diciembre de 1993: “La violencia contra las mujeres es la manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre los hombres y las mujeres, que han llevado a la dominación y la discriminación contra las mujeres hecha por los hombres y a la evitación del completo avance de las mujeres…”.

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud, que desde hace años viene denunciando la violencia contra la mujer como un problema de salud prioritario, pide en su Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud (2002) “Integrar la prevención de la violencia en las políticas sociales y educativas y promover además la igualdad entre los sexos y la igualdad social” (Recomendación 6)

Ya es hora que tomemos conciencia de que esta no es una cuestión privada que le pasa a otros detrás de las paredes de su casa, es un problema que nos compete a todas y todos como integrantes de esta sociedad, y como testigos que estamos siendo del dolor ajeno. Debemos aunar esfuerzos y hacer oír nuestra voz para seguir trabajando aliviando el sufrimiento de las mujeres víctimas, y también para educar, movilizar conciencias y sensibilizar sobre este tema a todo el que todavía no haya abierto su mente y su corazón.

***

* BIENVENIDA * BENVINGUDA * BENVIDA * ONGI ETORRI

Mitos del amor romantico y violencia


El amor romántico es el modelo cultural en el que somos socializados de manera diferente mujeres y hombres según las expectativas de rol de género.

Dentro de este modelo hay una serie de pautas ideales acerca de la persona de la que hay que enamorarse, como debe ser la relación, qué conductas se pueden tener y cuales no, etc. Pautas éstas que llevan implícitos los estereotipos tradicionales y una serie de mitos y creencias vinculados a los mismos.

Mitos romanticos

* Mito de la “media naranja”

o creencia de que elegimos a la pareja que teníamos predestinada. La aceptación de este mito podría llevar a un nivel de exigencia excesivamente elevado en la relación con el consiguiente riesgo de decepción, o a una tolerancia excesiva, al considerar que siendo la pareja ideal hay que permitirle más o esforzarse más para que las cosas vayan bien.

* Mito del emparejamiento

es la creencia de que la pareja (heterosexual) es algo natural y universal y que la monogamia está presente en todas las épocas y culturas. Este mito fue introducido por el Cristianismo. La aceptación de esta creencia dará lugar a conflictos internos en quienes se desvíen de algún modo de ella.

* Mito de la exclusividad

o creencia en que es imposible estar enamorado/a de dos personas a la vez. La aceptación de esta creencia puede suponer conflictos internos y conflictos relacionales.

* Mito de la fidelidad

o creencia de que los deseos románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona, la propia pareja, si es que se la ama de verdad. De acuerdo con la perspectiva sociobiológica, las relaciones fuera de la pareja son un universal humano, por lo que resultará problemático llevar esta creencia a la práctica y no hacerlo causará sanciones sociales. Estos tres mitos (de la exclusividad, de la fidelidad y del emparejamiento) fueron introducidos por el Cristianismo.

* Mito de los celos

o creencia de que los celos son un signo de amor, e incluso el requisito indispensable de un verdadero amor. Este mito es también introducido por el Cristianismo y constituye un garante de la exclusividad y la fidelidad. Este mito suele usarse habitualmente para justificar comportamientos egoístas, injustos, represivos y, en ocasiones, violentos.

* Mito de la equivalencia

Creencia en que el “amor” (sentimiento) y el “enamoramiento” (estado más o menos duradero) son equivalentes y, por tanto, si una persona deja de estar enamorada es que ya no ama a su pareja y, por ello, lo mejor es abandonar la relación. Las fases de enamoramiento intenso van modificándose con el tiempo, dando lugar a procesos de otro tipo. Aceptar este mito supone no aceptar la diferencia entre una cuestión y otra y no reconocer como natural esa transformación, lo que puede llevar a vivirla de modo traumático.

* Mito de la omnipotencia

Creencia de que “el amor lo puede todo” y por tanto si hay verdadero amor no deben influir los obstáculos externos o internos sobre la pareja, y es suficiente con el amor para solucionar todos los problemas. La aceptación de este mito puede generar dificultades ya que puede ser usado como una excusa para no modificar determinados comportamientos o actitudes o puede llevar a una valoración negativa de los conflictos de pareja dificultando su afrontamiento.

* Mito del libre albedrío

Creencia de que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos por factores socio-biológico-culturales ajenos a nuestra voluntad y conciencia. Aceptar este mito supone no reconocer las presiones biológicas, sociales y culturales a las que las personas estamos sometidas, lo cual puede llevar a consecuencias negativas (exceso de confianza, culpa).

* Mito del matrimonio o de la convivencia

Creencia de que el amor romántico y pasional debe conducir a la unión estable de la pareja y constituirse en la base de la convivencia. Este mito establece una relación entre dos elementos que se contraponen, uno que se pretende duradero como es el matrimonio, y un estado emocional transitorio como es la pasión, lo que no sólo resulta difícil si no que puede llevar fácilmente a la decepción.

* Mito de la pasión eterna o de la perdurabilidad

Creencia de que el amor romántico y pasional de los primeros meses de una relación puede y debe perdurar tras años de convivencia. La pasión amorosa como tal se termina, con lo que esta creencia también es falsa, por lo que su aceptación tiene consecuencias negativas tanto sobre la estabilidad emocional de la persona como sobre la estabilidad emocional de la pareja.

* Mito de la abnegación o exceso de empatía.

El mito del sacrificio de las "buenas" mujeres en aras de su familia trae consecuencias nefastas. Este exceso de empatía supone conductas de la mujer víctima tales como la del cuidado y defensa de su agresor, justificarle, complacerle o llevarle a que busque ayuda. El exceso de empatía puede estar relacionado a la baja autoestima y a la depresión.

Es necesaria una resocialización del concepto de amor, de los modelos amorosos deseables y de los modelos masculinos y femeninos basados en el afecto y en la confianza, el compromiso emocional y la reciprocidad.

"El día en que sea posible que la mujer ame, no con su debilidad sino con su fuerza, no para escapar de si misma sino para encontrarse, no para rebajarse sino para reafirmarse; aquel día el amor llegará a ser para ella, como para el hombre, una fuente de vida y no de peligro mortal". (Simone de Beauvoir)

Efectos negativos

- la idealización,
- la evaluación negativa del conflicto que es interpretado como indiferencia,
- la atribución interna de los aspectos negativos, y
- la decepción con la relación

porque usar los mitos románticos como estandar genera expectativas que son dífíciles de conseguir y que conduce a conductas negativas que a su vez perjudica más la relación. En el caso particular de los celos las consecuencias son más graves, puesto que son considerados como predictores de violencia.

Es más probable que las mujeres que aceptan el modelo romántico de forma más rígida puedan ser víctimas de violencia y de que la permitan, puesto que el amor de pareja es lo que da sentido a sus vidas. En la creencia de que "el amor todo lo puede" tratan de "cambiar" al hombre que las agrede; esas agresiones, ataques de celos o conductas de control pueden ser interpretados como "muestras de amor", y la propia mujer sentirse culpable por no saber complacer a su pareja.

(Bibliografia: E. Bosch, V. Ferrer)
Pintura: Marc Chagall

Estereotipos sexistas y violencia de género


La socialización enseña la violencia de género mediante la misoginia y las creencias sexistas.
La misoginia representa el odio y el miedo a las mujeres.

El sexismo es un conjunto estructurado de creencias compartidas dentro de una cultura acerca de los atributos que deben poseer los hombres y las mujeres. Se define como una actitud dirigida a las personas en virtud de su pertenencia a un determinado sexo biológico en función del cual se asumen diferentes características y conductas que le corresponden a cada sexo y que describen a hombres y mujeres.

Los estereotipos sexistas no sólo describen las características asignadas a cada sexo, sino que también las prescriben, o sea, que imponen cuales son los sentimientos, emociones, conductas o actividades que puede desempeñar cada sexo. Segun el pensamiento sexista, a la masculinidad le corresponde la fuerza, la dominancia, el control, la inhibición de los sentimientos y de la empatía, la independencia (el-ser-para-sí-mismo).

Los valores de la feminidad son la sumisión, la debilidad, la sensibilidad, el afecto, la empatía, el cuidado de los demás (el-ser-para-otros). Cada sexo puede sentir y expresar las emociones prescriptas y tiene prohibidas las del otro. (Alberdi, 2002)


Además, la distribución de tareas para cada sexo que propicia la división del espacio en "público" y "privado" como ámbitos que deben estar separados, garantiza y perpetúa la supremacía masculina, favoreciendo la discriminación de las mujeres por razón de género.

Los estereotipos de género sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en la relación de pareja, porque los comportarnientos son regulados por esta normativa cultural que legitima el uso de la fuerza como instrumento de poder. (UNIFEM,2000)

Los estereotipos de género pueden ser entendidos como los mitos que compartimos en nuestra cultura y una de las características del mito es su resistencia al cambio y a las explicaciones racionales. Un mito no es más que una creencia, pero formulada de tal manera que aparece como una verdad y es expresada de forma absoluta y poco flexible. Este tipo de creencias suelen poseer una gran carga emotiva, y ayudan a crear y mantener la ideología del grupo.

En el caso de la violencia de género, los mitos cumplen las siguientes funciones:

a. culpabilizan a la mujer ("ella lo provoca")
b. naturalizan la violencia ("hay que aguantar”, "si te cela es porque te quiere", "el que te quiere te hará sufrir")
c. impiden a la víctima salir de la situación (creencias románticas acerca de la familia, el amor, la maternidad)

Es necesario destacar que los estereotipos influyen en el procesamiento de la información y esto afecta a las percepciones y las interacciones, teniendo importantes implicaciones para nuestra conducta hacia los miembros del grupo estereotipado.

Los estereotipos también influyen en las dinámicas de poder. La cuestión del poder como ya se explicó, tiene un peso muy grande en la perpretación de violencia de género. Cuando un hombre siente que pierde poder o control puede usar la violencia o la amenaza para mantenerlo. (Hamilton & Sherman, 1994). Múltiples estudios señalan la vinculación entre los estereotipos rígidos de género y la perpretación de violencia. (Schissel, 2000; Schmidt et al, 2007; Moore et al, 2008)

Superar las creencias sexistas y los estereotipos de género es requisito imprescindible para erradicar la violencia, por eso son tan importantes las técnicas e intervenciones que enfatizan la reelaboración de la identidad masculina en los niños, jóvenes y adultos y la educación de niñas y niños en igualdad de valor..

Dibujos: Alecus, Kalvellido

Aclaremos conceptos: la igualdad y la diferencia

Con la entrada en vigor del Tratado de Amsterdam en 1999, el principio de igualdad de oportunidades se convierte en un principio básico y fundamental en la Unión Europea. Una de los puntos que sostiene es que "con el objeto de lograr una igualdad real en la práctica, el principio de igualdad de trato no impide que los estados miembros mantengan o adopten medidas que supongan ventajas específicas para facilitar al sexo menos representado el desarrollo de una actividad laboral o para prevenir o compensar ventajas en la carrera profesional" (art 141 TCE) consagrando así las denominadas acciones positivas.

Se ha de ha de dejar claro que pedir igualdad de oportunidades no significa que se niegue la diferencia entre los sexos, que es real. Sólo que esta diferencia ha tenido históricamente el sentido de una jerarquía en la cual prevalece lo masculino, aunque se presente disfrazada de neutralidad, y esto es lo que se busca cambiar.

En los últimos años se intentó avanzar en la equiparación hombre-mujer, pero el problema es que se ha concebido la igualdad como equivalencia, tomando como parámetro el ser humano hombre, cuando la diferencia sexual es mutua.

Ahora bien, la lucha por esta igualdad (que era necesaria y que aún en los hechos no se ha conseguido totalmente) significó que la mujer tuvo que entrar en un mundo masculinizado. Este ámbito público no ha cambiado sus esquemas y estructuras construídos para los hombres y los hombres (en general) aún no han hecho el camino inverso hacia el ámbito privado.

Para conseguir vivir nuestras diferencias en condiciones de igualdad se ha de educar la sociedad en todos los sentidos, mediante políticas transversales que incidan en todas las áreas de nuestra vida.

El igualitarismo real no llegará sin cambios profundos, sin una alteración de las relaciones de poder, sin un discurso centrado en las mujeres, que reconozca nuestra diversidad y especifidad, y que las mujeres y los hombres somos igualmente diferentes y necesitamos políticas diferentes.

Por eso se aconseja la coeducación en la infancia, que consiste en el desarrollo de todas las capacidades, tanto de niñas como de niños, a través de la educación. Coeducar no significa conseguir la igualdad sexual, porque cada niño o cada niña tiene derecho a ser diferente, y cada mujer y cada hombre también.

Igualdad de oportunidades, en el respeto por la diferencia y la especificidad de cada persona.

La socialización diferencial y sus efectos


La socialización se inicia en el momento del nacimiento y
perdura durante toda la vida. Es un proceso en el cual las personas en la interacción con otras personas aprenden e interiorizan los valores, las actitudes, las expectativas y los comportamientos característicos de la sociedad en la que han nacido y que le permiten desenvolverse en ella (Giddens, 2001).

Estas pautas socialmente compartidas regulan el comportamiento de todas las personas, que según las cumplan o no, tendrán sanciones o recompensas sociales.
Según la Teoría de la Socialización Diferencial, las personas adquieren identidades diferenciadas de género que conllevan estilos cognitivos, actitudinales y conductuales, códigos axiológicos y morales y normas estereotípicas de la conducta asignada a cada género.

A lo largo de la vida se escucha la repetición de mensajes socializadores diferentes para cada sexo, se introyectan y se termina actuando en consecuencia (Walker &Barton, 1983). Estos mensajes provienen del sistema educativo, la familia, los medios de comunicación y la religión y tienden a asociar la masculinidad con el poder, la racionalidad y la vida pública y la feminidad con aspectos de la vida privada y la subordinación al hombre. De esta forma se recibe un mensaje androcéntrico, en el que lo masculino tiene más valor que lo femenino.

A los niños se les educa para la producción y para el éxito en el ámbito público, potenciando su independencia y sus ambiciones y reprimiendo la expresión de los afectos. Además se socializan en una cultura de violencia a través de los juguetes, juegos, videojuegos o películas que consumen. Se establece una relación entre agresividad y masculinidad desde pequeños y se fomentan estas conductas como prueba de virilidad.

A las niñas en cambio, se las socializa para la reproducción y para el éxito en el ámbito privado, se reprime su libertad y su ambición, y también cualquier conducta de dominio o agresividad. Esto puede favorecer una futura situación de victimización, pues las niñas se desarrollan en mujeres carentes de poder y de confianza en sí mismas.

A pesar de que han habido muchos cambios en los últimos años y hay más actitudes igualitarias entre hombres y mujeres, queda aún mucho trabajo por hacer. Para ilustrarlo se presentarán las conclusiones de una investigación del Ministerio de Igualdad (De la Fuente, 2007) que ha medido con una serie de instrumentos la estereotipia de roles, de rasgos, de valores (instrumentales y finales) y de actitudes hacia la igualdad de géneros.

Se ha tratado de averiguar si las ciudadanas y ciudadanos son proclives a una participación de las mujeres en situación de igualdad, en todos los ámbitos sociales. Es decir, se midió su predisposición a que las mujeres cambien el rol tradicional de madre de familia y ama de casa.

Resultados de la investigación sobre estereotipos de rol

- la estereotipia en rasgos masculinos se mantiene en todos los rasgos.

- hay una mayor estereotipia de rol familiar a medida que aumenta la edad o desciende el nivel de estudios terminados.

Según la estereotipia de rol familiar, hombres y mujeres deben desempeñar tareas diferentes dentro del hogar y, según la estereotipia de rol laboral, la mujer está más limitada para poder desempeñar ciertas profesiones.

Los resultados obtenidos permiten concluir, en cuanto a las diferencias por género, que:

- El sexo tiene una incidencia significativa, en la dirección de una mayor estereotipia en los hombres.

- En los hombres existe mayor estereotipia, en las dos dimensiones: rol familiar y rol laboral.

- La dirección de las diferencias por sexo es la disminución de la estereotipia con el aumento del nivel de estudios y en las mujeres.

Haciendo un análisis cronológico de todo el periodo estudiado (1993-2006) este estudio concluyó que:


- Hombres y mujeres siguen presentando una pauta de asignación diferencial a cada género muy distinta.


- Las actitudes igualitarias están más presentes a medida que desciende la edad y aumenta el nivel de estudios terminados

- El nivel cultural más alto también se configura como un elemento claramente diferenciador de las actitudes igualitarias

- Entre las mujeres, no existen diferencias significativas en los valores medios de todo el periodo estudiado: 1993-2006, indicando que las actitudes hacia el trabajo extradoméstico no han cambiado en todo este tiempo

- Entre los hombres, la situación es aún más preocupante puesto que el valor medio de 2006 es el más bajo desde 1996 aunque las diferencias no son estadísticamente significativas.

Como se puede apreciar, aún hay mucho trabajo por hacer a través de la educación en materia de igualdad de oportunidades.

Fotos: Jeongmee Yoon (artista coreano)

La tolerancia social hacia la violencia contra las mujeres (2)

Las actitudes tolerantes hacia la violencia contra las mujeres estan entre los factores de riesgo socioculturales para la ocurrencia de maltrato. Entre los predictores más importantes de estas actitudes se encuentran el género y las actitudes de rol de género.

Conclusiones de los principales Estudios sobre las actitudes de tolerancia hacia la perpretación de violencia
contra la mujer:

* Sugarman & Frankel en 1996 describieron un constructo al que llamaron "ideología patriarcal" relacionándolo con las puntuaciones de las actitudes hacia la violencia, los roles de género y las puntuaciones de los rasgos de género. Los resultados obtenidos fueron que las actitudes hacia la violencia estaban fuertemente asociadas con su perpretacion. Entre las conclusiones de estas investigaciones se observa una mayor tendencia de los hombres a culpar a las mujeres víctimas.


* Sakalh (2001) y Nayak, Byrne, Martín & Abraham (2003) sostienen que los hombres tienden a aprobar el uso de la violencia contra sus parejas también tienden a echar la culpa a la víctima en los casos de violencia física y sexual, y se muestran de acuerdo con la existencia de privilegios masculinos en mayor medida que las mujeres.


* El estudio de Nayak et al. (2003) antes citado, analizó muestras de mujeres y hombres estudiantes de cuatro países. Ya la OMS en 2000 consideraba el fenómeno de la violencia contra las mujeres como un problema universal.


* Los resultados de Sakalh (2001) mostraron que los hombres que tenían actitudes más favorables hacia el patriarcado y que habían puntuado alto en sexismo hostil, eran los que tenían actitudes más favorables hacia la violencia contra la esposa, y culpaban a las mujeres por provocarla.


* Nabors, Dietz & Jasinki (2006) hallaron que más de la mitad de la muestra de su investigación llevada a cabo con estudiantes estaban de acuerdo con la idea de que cierto grado de violencia es causada "por el modo como las mujeres tratan a los hombres", resultados consistentes con los de Carlson & Worden (2005).


* Fararnarzi & Esmailzadeh (2005) por su parte observaron que las mujeres que tenían actitudes positivas hacia la dominación masculina habían experimentado más maltrato físico y psicológico que aquellas con una actitud negativa hacia la dominación.


* Por su parte, Bhanot & Senn (2007) señalan que una educación escasa está relacionada con una más alta aceptación de la violencia contra la mujer, ya que se vincula a creencias más restrictivas y conservadores acerca de los roles de género. Esto coincide con el estudio internacional de Nayak et al. (2003) antes mencionado y muestra la importancia de diseñar programas con perspectiva de género que permita a las mujeres tomar conciencia de sus derechos.


* En estudios realizados en España con población adolescente (Díaz-Aguado, 2003) y con poblacion universitaria (Ferrer et al., 2006) y tambien en investigaciones del Eurobarómetro ( “La opinión de los/as europeos/as sobre la violencia doméstica de la que son víctimas las mujeres”, Comisión Europea, 1999) se han encontrado resultados similares a los de otros países.

En suma, las creencias sobre los roles de género, sobre la subordinación de las mujeres a los varones, sobre la restricción de los derechos de las mujeres y en apoyo a la dominación masculina están relacionadas con la tendencia a culpabilizar a la víctima, a legitimar las actitudes y comportamientos de los maltratadores y a sostener mitos sobre la violencia de género.

Foto: Campaña Contra la violencia "¿Quien paga por los pecados del hombre?"
(ONG Telefono Donna, Italia)

Los micromachismos cotidianos y sus efectos negativos


Jorge Corsi, dice que "la violencia hacia las mujeres se estructuró socialmente mediante un proceso de invisibilización (falta de percepción social) y la naturalización de la misma (como un medio para "educar" a menores y mujeres)". Las víctimas no tenían conciencia de que sus derechos eran vulnerados ni había leyes que las protegieran.

Este proceso de invisibilización y naturalización de la violencia lo ha estudiado en detalle Luis Bonino, quien acuñó el término "micromachismos" para describir los "pequeños" comportamientos de violencia cotidiana que ejercen los hombren en la pareja para coartar la autonomía personal femenina, de manera continuada, sutil e insidiosa.

Los define como "pequeños, casi imperceptibles controles y abusos de poder cuasi-normalizados que sin ser muy notables, restringen y violentan insidiosa y reiteradamente el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de las mujeres, atentando además contra la democratización de las relaciones. Dada su invisibilidad se ejercen generalmente con total impunidad." "Son de uso reiterado aún en los varones "normales", aquellos que desde el discurso social no podrían ser llamados violentos..."

El objetivo de esas conductas sería, según Bonino: " ejecutan estas maniobras para conservar su posición de género, intentando mantener o reafirmar los lugares que la cultura tradicional asigna a mujeres y hombres: ellos con más derechos a definir la realidad, a la libertad, a tener razón, al uso del tiempo y del espacio, a ser cuidado y a desimplicarse de lo doméstico; ellas con menos derecho a todo ello y disponibles para el varón...Las ejecutan también como una afirmación de su identidad masculina, sustentada en las creencias de superioridad sobre la mujer y de autonomía autoafirmativa con negación de la vincularidad intimista y la reciprocidad."

Dichas maniobras son casi invisibles por estar naturalizadas y sostenidas por las normas patriarcales de género que les otorga su aval social.

Este autor los clasificó en las siguientes categorías:

1) Los
micromachismos coercitivos (o directos) son aquellos en los que el hombre usa la fuerza moral, psíquica, económica o de su caracter, para intentar doblegar a las mujeres y convencerlas de que no tienen razón.

Entre los micromachismos coercitivos, Luis Bonino describe los siguientes:
  • intimidación: Comportamiento atemorizante (mirada, tono de voz) que se ejerce cuando ya se tiene fama de persona abusiva o agresiva. Se dan indicios de que si no se obedece algo pasará.
  • toma repentina del mando: Anular o no tener en cuenta las decisiones de la otra persona, incluyendo tomar decisiones sin consultar, ocupar espacios comunes, opinar sin que se lo pidan o monopolizar la conversación.
  • apelación al argumento lógico: Recurrir a la lógica y a la "razón" para imponer ideas, conductas o elecciones desfavorables para la otra persona
  • insistencia abusiva: Obtener lo que se quiere por agotamiento de la otra persona que al final acepta a cambio de paz.
  • control del dinero: Maniobras para monopolizar el uso o las decisiones sobre el dinero, limitando el acceso de la otra persona o dando por descontado que se tiene más derecho a ello.
  • uso expansivo del espacio físico: Ocupar los espacios comunes impidiendo que la otra persona los emplee.
2) Los micromachimos encubiertos (de control oculto o indirectos) incluyen aquellos en los que el hombre oculta su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan desapercibidas, y por ello pueden llegar a ser más efectivas que las anteriores. Este tipo de actuaciones impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola en la dirección elegida por el hombre y aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento "confiado", provocando en ella sentimientos de desvalimiento, confusión, culpa y dudas que favorecen el descenso de la autoestima y la autoconfianza.


Entre los micromachismos encubiertos, Luis Bonino señala los siguientes:
  • maternalización de la mujer: Inducir a la mujer a dar prioridad al cuidado de otras personas (hijos/as, familiares) promoviendo que ella no tenga en cuenta su propio desarrollo personal o laboral.
  • maniobras de explotación emocional: Generar en la otra persona dudas sobre si misma, sentimientos negativos y dependencia usando dobles mensajes, insinuaciones, acusaciones veladas, chantaje emocional, etc.
  • terrorismo: Comentarios de descalificación (de sospecha, agresivos) repentinos, sorpresivos que dejan indefensa a la otra persona por su carácter abrupto.
  • paternalismo: Hacer sentir a la mujer como si fuera una niña que necesita cuidados.
  • creación de falta de intimidad: No reconocer las necesidades de afecto de la pareja, la resistencia a hablar de sí mismo, invadir los espacios de intimidad de la otra persona, etc.
  • engaños: Desfigurar la realidad al ocultar lo que no interesa que la otra persona sepa.
  • autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial: Eludir la responsabilidad sobre las propias acciones, negarlas o no darles importancia (Hacerse el tonto, "No me di cuenta", "Quiero cambiar, pero me cuesta"), justificarse apelando a las obligaciones laborales ("No tengo tiempo para ocuparme de los niños").
3) Los micromachismos de crisis suelen utilizarse para restablecer el reparto previo y mantener la desigualdad de poder en momentos tales como el aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o por la pérdida de poder del hombre por razones físicas o laborales.

Entre los micromachismos de crisis, Luis Bonino señala los siguientes:
  • seudoapoyo en las tareas de la casa: Se anuncia el apoyo pero sin hacerlo efectivo. Se evita así mostrar una oposición frontal pero no se colabora en el reparto de la carga doméstica
  • desconexión y distanciamiento: Se utilizan formas de resistencia pasiva, incluyendo falta de apoyo o colaboración, no tomar la iniciativa y luego criticar, amenazar con abandonar o abandonar realmente la relación.
  • hacer méritos: Maniobras consistentes en hacer regalos, prometer comportarse bien o hacer cambios superficiales, sobre todo frente a amenazas de separación, sin cuestionarse la situación de base o sus causas.
  • dar lástima: Comportamientos autolesivos como accidentes, aumento de adicciones, enfermedades, amenazas de suicidio, que inducen a la otra persona a pensar que sin ella él podría terminar muy mal.
Posteriormente, este autor reorganiza su propuesta manteniendo las categorías descritas (aunque diferenciando nuevos elementos en algunas de ellas) y añade una nueva, los micromachismos utilitarios que son los requerimientos abusivos hacia la mujer, la no participación en lo doméstico ni en el cuidado de los vínculos y de la familia y la no reciprocidad de cuidado hacia la mujer.

Foto: Photobucket
Pintura: Frida Kahlo

Formas del sexismo: hostil, benévolo y ambivalente


Hoy en día, debido a los avances que han ocurrido en las últimas épocas, el sexismo se ha reconvertido hacia nuevas formas más encubiertas y sutiles y pasa más inadvertido, pero la realidad es que se sigue caracterizando por un tratamiento desigual hacia las mujeres. Entre los autores que han estudiado el sexismo se encuentran Glick & Fiske (1997), quienes lo entienden como una construcción social que incluye dos tipos de sexismo: el hostil y el benévolo, y ambos sirven para mantener el patriarcado. Los componentes del sexismo hostil son el paternalismo dominador, la diferenciación de género competitiva y la hostilidad heterosexual. El primero justifica la dominancia masculina, ya que supone que las mujeres son más débiles e inferiores que los hombres; el segundo se refiere a la idea de que las mujeres no poseen las cualidades necesarias para gobernar las instituciones sociales, por lo cual deben quedarse dentro del ámbito de la familia y el hogar. El tercer componente se refiere al supuesto poder sexual por el cual las mujeres son peligrosas y manipulan a los hombres. El sexismo benévolo se refiere a las actitudes supuestamente más positivas de los hombres hacia las mujeres (sólo hacia las que cumplen los roles tradicionales): el paternalismo protector, la idealización de las mujeres y el deseo por relaciones íntimas. Glick & Fiske propusieron la teoría del sexismo ambivalente, con la cual explican la ambivalencia de sentimientos debido a la interdependencia que tienen los hombres y las mujeres. El sexismo hostil sirve para justificar el poder masculino, los roles tradicionales y el trato hacia la mujer como objeto sexual. El sexismo benévolo, por el contrario, justifica de manera más amable la dominación, reconoce la dependencia del hombre con respecto a la mujer y plantea una visión romántica de las relaciones sexuales, idealizando a la mujer como esposa y madre (siempre que cumpla con los estereotipos, siendo criaturas puras, sumisas y condescendientes). El sexismo benévolo se acompaña de sentimientos de protección y el sexista lo siente como positivo (y puede incluso ofenderse si la mujer rechaza su protección), pero no deja de ser sexismo, puesto que considera que las mujeres necesitan de un hombre para que las cuide. El sexismo hostil y el benévolo pueden parecer muy distintos en su contenido, pero tienen supuestos comunes: que las mujeres son el sexo débil (sin poder), que ambos fortalecen los roles tradicionales (la diferenciación de actividades por sexo) y que ambos sirven para justificar y mantener las estructuras patriarcales. Las diferencias de poder entre los sexos como consecuencia del patriarcado son racionalizadas por medio de la ideología del paternalismo. El aspecto hostil es el paternalismo dominador, que supone que las mujeres deben ser controladas por el hombre. El paternalismo benévolo supone que los hombres deben proteger a las mujeres debido a su mayor fuerza, poder o autoridad (sobretodo hacia las mujeres que les "pertenecen": esposa, madre, hijas). Estas nuevas formas de sexismo son llamadas también sexismo moderno y están basadas en: a) la negación de la discriminación b) el antagonismo ante las demandas que hacen las mujeres y c) el resentimiento acerca de las políticas de apoyo que consiguen Es necesario reconocer el efecto negativo de este nuevo sexismo (igual que del viejo) para conseguir la igualdad de los sexos, así como el perjuicio que oculta el sexismo benévolo bajo su aspecto de afecto positivo. El sexismo benevolente puede ser más difícil de combatir que el hostil porque pasa inadvertido.

La verdadera libertad para hombres y mujeres está en la superación de los estereotipos, en la posibilidad de que todos los seres humanos puedan hacer suyos los valores que deseen sin encasillamientos rígidos y absurdos.

Pintura: Código de Caballería
Fuente: www.iconocast.org

LAS MUJERES NO DENUNCIAN EN FALSO


Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género se han alzado voces de distintos sectores que, reubicando el discurso ancestralmente construido para perpetuar la subordinación de las mujeres, pretenden descalificar la labor legislativa.

Esas voces incluso admiten de entrada lo inaceptable de la violencia machista, para pasar a elaborar seguidamente nuevas formulaciones al servicio de mantener la discriminación peyorativa contra las mujeres en sus distintas manifestaciones, una de las cuales, la más brutal, es la violencia. En este contexto, una de las principales ideas fuerza de esta estrategia es la de que las mujeres denuncian en falso ser víctimas de violencia machista. Para ello pretenden hacer equivalente libertad de expresión a derecho a publicitar sospechas, rumores y dudas -en ningún caso contrastadas-, cuando no meramente prejuicios, como es atribuir de forma generalizada a las mujeres la realización de actos delictivos mediante la presentación de denuncias falsas.

Es cierto que el Tribunal Constitucional ha incluido dentro de la libertad de expresión -diferenciando su contenido del de la libertad de información, sujeta al límite de la veracidad- las invenciones, los rumores o las meras insidias. Pero de ello no cabe derivar que estas expresiones contribuyan a la construcción de una sociedad más democrática o a la investigación de un fenómeno considerado como el crimen encubierto más extendido del mundo.

Los juristas conocemos bien las reglas que regulan el proceso penal, el sistema de valoración de las pruebas practicadas en juicio oral y el sistema de garantías construido en el Estado social de derecho a favor del acusado. También sabemos de la extraordinaria lentitud con que las víctimas de violencia de género van desechando temores y prejuicios que dificultan la decisión de romper el círculo de esa violencia y, con ello, el silencio que lo perpetúa. O las barreras que tienen que superar para poner en conocimiento de la Administración de justicia hechos que ahora constituyen delitos. Conocemos igualmente la escasa colaboración de las propias denunciantes en el proceso, vinculada en muchos casos con dependencias de distinto tipo (sentimental, económica...) del presunto agresor, ya que ello supone romper con el modelo de socialización que sitúa a la mujer en posición subordinada en la relación de pareja. Esta escasa colaboración incluso puede deberse a la falta de correspondencia entre las expectativas que tienen respecto a la denuncia -tantas veces formulada con la única pretensión de que cese la violencia- y las consecuencias de poner en marcha el proceso penal, que ha de acabar, si se prueban los hechos, con una sentencia de condena que, normalmente, impondrá pena privativa de libertad y, en todo caso, pena de alejamiento al agresor. Sabemos asimismo de la dificultad de prueba de unos hechos que se cometen en tantas ocasiones en la intimidad o sin dejar rastros físicos apreciables.

En este contexto, el sobreseimiento provisional de las actuaciones o el dictado de una sentencia absolutoria no implica que la denuncia sea falsa. La sentencia absolutoria impide considerar culpable al que venía acusado hasta el juicio oral, pero ello no equivale a inexistencia de la violencia. Significa que la acusación no ha introducido pruebas bastantes de cargo, con la consecuencia de motivar la absolución del acusado. Un buen número de sentencias absolutorias justifican la absolución precisamente en ello.

Esto impide, naturalmente, categorizar como culpables a los acusados absueltos. Pero no permite, ni mucho menos, hablar de abuso del proceso o de denuncias falsas. Sólo podrán considerarse tales las que así sean valoradas en sentencias condenatorias firmes contra mujeres por esos delitos, y ello exclusivamente respecto de las que en concreto resultaran condenadas. Las mujeres también son titulares del derecho a la presunción de inocencia.

La última Memoria de la Fiscalía General del Estado, correspondiente a 2007, refiere 18 casos en toda España en los que se ha deducido testimonio contra mujeres para la investigación de hechos que podrían revestir los caracteres de acusación o de denuncia falsa, que también podrían ser de falso testimonio, toda vez que en ocasiones las denunciantes se retractan de su denuncia, por una errónea concepción del perdón al acusado o por el deseo de evitar su condena. No consta, sin embargo, ni siquiera el resultado final de estas actuaciones, que bien pudieron ser sobreseídas o acabar en sentencia absolutoria. Y ello, según la estadística judicial, frente a 43.048 juicios celebrados en ese año por violencia machista, que han terminado en 28.364 sentencias condenatorias.

Sobre quienes afirman que las mujeres interponen denuncias falsas recae la carga de probar su existencia. La mera difusión de insidias o sospechas no contrastadas lo único que revela es un proyecto ideológico de perpetuar la discriminación contra las mujeres así como un escaso rigor en las afirmaciones que se dicen efectuar en el ejercicio de la libertad de expresión. Permite, en todo caso, identificar el propósito que guía tales aseveraciones y valorar su papel en la construcción de la sociedad democrática.

Paloma Marín López

Jefa de la Sección del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, magistrada y letrada del Gabinete Técnico del CGPJ

http://www.elpais.com/articulo/opinion/mujeres/denuncian/falso/elpepuopi/20090309elpepiopi_5/Tes

Pintura: Rafael

Unidas y unidos para poner fin a la violencia machista


"Hace un año puse en marcha una campaña en la que exhorté a los pueblos y los gobiernos del mundo a unirse para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas. La campaña durará hasta 2015, año que nos pusimos como meta para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La relación con los Objetivos está clara. Debemos poner fin a la violencia habitual arraigada en la sociedad que destroza vidas, destruye la salud, perpetúa la pobreza y nos impide lograr la igualdad y el empoderamiento de la mujer.

La violencia contra la mujer también está vinculada a la propagación del VIH/SIDA. En algunos países, hasta una de cada tres mujeres será golpeada, forzada a mantener relaciones sexuales o sufrirá otro tipo de malos tratos a lo largo de su vida. Además, en situaciones de guerra, las mujeres y las niñas son víctimas de violaciones y violencia sexual de manera sistemática y deliberada.

La violencia contra la mujer contradice abiertamente la promesa de la Carta de las Naciones Unidas de “promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”. Las consecuencias van más allá de lo visible y lo inmediato. Las muertes, las lesiones, los gastos médicos y la pérdida de empleo son sólo la punta del iceberg. Las consecuencias para las mujeres y las niñas, y para sus familias, comunidades y sociedades, cuyas vidas y modos de subsistencia sufren estragos, escapan a nuestros cálculos. Con demasiada frecuencia, los delitos quedan impunes y los perpetradores, en libertad. Ningún país, ninguna cultura, ninguna mujer, ya sea joven o mayor, es inmune.

Los hombres también se están manifestando cada vez con más frecuencia en contra de esta mancha en nuestra sociedad. Entre los ejemplos de ámbito mundial se cuentan la Campaña del Lazo Blanco y V-Men, la respuesta de los hombres a la campaña V-Day. Además, en talleres organizados por las comunidades, los hombres enseñan a otros hombres que hay otra vía y que “los hombres de verdad no golpean a las mujeres”.

Cambiar la mentalidad y las costumbres practicadas durante generaciones no es fácil. Todos debemos participar: las personas, las organizaciones y los gobiernos. Debemos colaborar para afirmar, alto y claro, al nivel más elevado que no se tolerará la violencia contra la mujer, en ninguna de sus formas, en ningún contexto, bajo ninguna circunstancia.

Necesitamos políticas económicas y sociales que apoyen el empoderamiento de la mujer. Necesitamos programas y presupuestos que promuevan la no violencia. Necesitamos una imagen positiva de la mujer en los medios de comunicación. Necesitamos leyes que digan que la violencia es un delito, que exijan responsabilidades a los perpetradores y que se respeten.

La campaña “Unidos para poner fin a la violencia contra las mujeres” alienta a los hombres y las mujeres a aunar esfuerzos para oponerse a la violencia contra la mujer. Solamente podremos crear sociedades más igualitarias y pacíficas si actuamos en sintonía. En este Día Internacional de la Mujer, tomemos juntos la decisión de marcar la diferencia.".

Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas con motivo del Día Internacional de la Mujer 8 de marzo de 2009
Dibujo: Forges